Otra vez volvió a pasarme lo mismo. Una canción de no sé dónde, me trajo su figura que de todos modos no se había ido nunca. Es decir que no hicieron falta sacrificios ni cosas raras. Bastó un compás del estribillo para tener la excusa perfecta y volver a tenerla conmigo.
Esta vez se presentó con los mismos ojos interrogantes de siempre, pero con una sonrisa que la diferenciaba del resto de sus presentaciones. Su pelo estaba un poco más claro y también sus pensamientos.
--¿Dónde estabas? Me preguntó moviendo apenas sus labios rojos.
No supe qué contestarle, porque yo siempre estuve con ella y tal vez fue ella la que no estuvo aquí.
--¿Dónde estabas? le contesté preguntando...
--Siempre que quisiste estuve aquí, me dijo estirando su brazo izquierdo y alcanzando con sus dedos mi mejilla un poco más fría que de costumbre. Y no era la primera vez que me lo decía.
--Mirá González (siempre me llamaba por mi apellido) deberías entender que ni las distancias, ni las lluvias, ni los sentimientos gastados, podrán hacerme olvidar de las palabras que se dijeron acá nomás, en aquellas mañanas de sol y con nuestros corazones explotando de pasión. Sabrás, que si hubo tiempo perdido, también puede haber tiempo para ganar. Y que no siempre es la música la que trae los recuerdos.
Aproveché la pausa de sus contínuas metáforas para abrir la ventana y asomarme a la nada.
Afuera, dos perros se peleaban por un pedazo de una pelota de plástico azul y verde que todavía guaradaba un poquito de alegría.
-¨-Parecemos nosotros, le dije, sin darme vuelta. Nunca me contestó...
--¿Por qué te fuiste? preguntó, mientras acomodaba unas flores que se morían dentro del macetero que colgaba de la ventana...
--Dejalas -le dije- las flores tienen un tiempo de fulgor y felicidad que le da la naturaleza. Es al puro gusto intentar darle más vida, porque tienen el tiempo exacto para el que fueron creadas...después hay que reemplazarlas por otras más frescas...
--¿Por eso te fuiste? preguntó sin dejarme terminar de hablar...
Una nube negra, traída por un viento furioso, ahuyentó a los perros y a mis respuestas. me dí vuelta y ya no estaba en la habitación. Solamente resabios de aquel perfume eterno y cuyo nombre nunca me quiso decir...
--Es que yo nunca te dejé -le dije a su ausencia- fueron mis tiempos y mis desesperaciones los que te apartaron involuntariamente del lado de los sueños. o te olvidás acaso que formabas parte de todos mis proyectos y mis fantasías. Es más, para vos fueron siempre mis soledades. Deberías entender Venecia que nunca estuvimos tan juntos como en estos últimos tiempos, porque no es estar todo el día amándose lo que hace fuerte a una pareja, sino la necesidad del encuentro tras la despedida.
--No esperemos que suene una canción para darnos cuenta que nos necesitamos, dijo desde algún lugar de la noche...
Ya no llovía y los perros seguían con su juego, sin importarles el barro en sus hocicos...
sábado, 1 de diciembre de 2012
miércoles, 17 de octubre de 2012
YA NADA SERA IGUAL
Los dos pibes,
de o más de seis o siete años, piden en cada una de las mesas de ese lugar semi
vacío, mientras que de reojo cuidan para que no los echen. ¿Tiene unas monedas?
Le preguntan al hombre que no los ve ni los escucha. ¿No me compra un sánguche?
Le dicen a la nada y corren al verse descubiertos por quienes cuidan de la
estética del local, aunque del mostrador para acá.
Por uno de los
grandes ventanales que dan a la calle, puede verse a la gente que camina
apurada para llegar quién sabe adónde. De las manos de casi todos cuelgan
bolsas con regalos y falsedades. El árbol conciliador mezclará –como todos los
años- amor con hipocresía en dosis exactamente iguales. El brindis apurado y
repetido y el exceso de comida, se encargará de mezclar la realidad con la
fantasía.
El sol ya no
golpea. La silla vacía, sigue esperando a la otra mitad de la historia. Un
libro prestado por ella, servirá de aliciente, pero irremediablemente traerá
uno y mil recuerdos a su cabeza ya de por si atormentada: aquellos encuentros
solitarios en medio de la muchedumbre; esos café con facturas dulces y baratas;
las complicidades que nadie y todos sospechaban y que ellos vivían; esas
charlas de siempre empezar y nunca acabar, las despedidas que llevaban a la nostalgia;
la desesperada espera hasta el otro día en el que otra vez los ojos de ambos
volverían a explotar y a emocionarse en el encuentro tan esperado como casual.
Un nuevo café
llega a la mesa y no hace preguntas. La mirada fija en la puerta de entrada reclama
la presencia ausente. Seguramente –en tanto- pensará que nadie nunca puede
sentirse tan dueño de la realidad como aquel que la inventó a su manera. Nada
–entonces- puede ser tan perfecto y tan real. Sin embargo, notará también que
el agua no siempre se detiene en las manos y que la perfección no existe cuando
de amor se trata.
El pequeño
ramo de fresias busca manos dónde reposar y narices para ser valoradas, pero
ella se demora, se atrasa, se dilata, se hace eterna, se hace desear más y más.
El inclaudicable
y persistente reloj, sigue su marcha inexorable. Dos o tres lágrimas enfrían el café, pero le dan el gusto de la
situación. La espera no tendrá fin. En su juramento, había quedado bien claro
que la esperaría hasta el final y que nada lo haría cambiar.
--“Señor,
felicidades, es Nochebuena” le dirá el señor que cuida de los chicos. “¿Va a
seguir esperándola?”
--“Si señor,
siempre” dirá…
Con las
campanas y los ruidos del exterior, abrirá el libro de ella en una página al
azar y leerá lo que el destino quiera: “Mi amor camina equivocado/tiene metas
inalcanzables/veo sin embargo un horizonte verde/y ángeles premiando mi
constancia”
Cerrará el
libro, pensará que ya nada será igual…y seguirá esperando…
domingo, 23 de septiembre de 2012
AÑO DE VIDA
Una botella de whisky casi vacía es el reloj que marca la soledad. Es el testigo casi inconsciente de largas noches de cuentos y poemas inconclusos, de arrepentimientos pasajeros y de esperanzados futuros. Es, casi, el cuento de hadas que lleva irremediablemente al sueño profundo y a la puerta de salida del día. A veces con lágrimas, y a veces con suspiros...
Ya hace un año que mis noches miden dos metros de largo por dos y medio de ancho; que las fotos y recuerdos que cuelgan de la pared, sonríen satisfechas por haber sido tenidas en cuenta y que devuelven la ilusión de quien se siente gratificado.
Sus protagonistas, a veces, se juntar a intercambiar opiniones y comentarios de sus momentos de esplendor y se desafían mutuamente a contar historias de sus tiempos. Piden a los pocos elegidos que canten esas canciones que ya saben de memoria y amanecen dispuestos a ser observados como si nada hubiera pasado. Se aprovechan de la complicidad de los genios, de los ángeles y de los invitados sorpresa para conjeturar presentes y repartir las flores desprolijas que manos tan inocentes como pequeñas, acercaron unos días antes del principio.
Los más cercanos, cantan una canción de cumpleaños y hacen una ronda nostálgica que nadie se quiere perder. Son mis amigos de acá. Mis compañeros de habitación que tienen vida nada más que para mi. Tanto ellos como yo, sabemos de silencios y de sufrimientos lejanos, pero ese es un secreto que se morirá con nosotros.
Para desparramar al mundo, tenemos cosas más superficiales, como el olor a pintura verde, dos valijas que esperan caminar definitivamente por la cinta del regreso, un montón de maderas que simulan un placard, una cama que sufre del dolor, algún que otro proyecto a corto plazo, y unas noventa teclas negras que escriben lo que uno les dice y no siempre con razón.
Seguramente, un día de estos, alguna de las mariposas que me sobrevuelan me invitará a dar una vuelta en sus alas y me llevará a la punta del arco iris donde me estará esperando el más lindo de los tesoros. Tal vez ese día comprenda el verdadero valor del sacrificio y encuentre el sentido a tantos días sin sol.
Mientras, seguiré llenando mis ojos de amaneceres, mi alma de caminos y mi mundo de figuras que sé que estarán conmigo hasta que el espiral llegue a su centro. Ni un segundo antes...
Ya hace un año que mis noches miden dos metros de largo por dos y medio de ancho; que las fotos y recuerdos que cuelgan de la pared, sonríen satisfechas por haber sido tenidas en cuenta y que devuelven la ilusión de quien se siente gratificado.
Sus protagonistas, a veces, se juntar a intercambiar opiniones y comentarios de sus momentos de esplendor y se desafían mutuamente a contar historias de sus tiempos. Piden a los pocos elegidos que canten esas canciones que ya saben de memoria y amanecen dispuestos a ser observados como si nada hubiera pasado. Se aprovechan de la complicidad de los genios, de los ángeles y de los invitados sorpresa para conjeturar presentes y repartir las flores desprolijas que manos tan inocentes como pequeñas, acercaron unos días antes del principio.
Los más cercanos, cantan una canción de cumpleaños y hacen una ronda nostálgica que nadie se quiere perder. Son mis amigos de acá. Mis compañeros de habitación que tienen vida nada más que para mi. Tanto ellos como yo, sabemos de silencios y de sufrimientos lejanos, pero ese es un secreto que se morirá con nosotros.
Para desparramar al mundo, tenemos cosas más superficiales, como el olor a pintura verde, dos valijas que esperan caminar definitivamente por la cinta del regreso, un montón de maderas que simulan un placard, una cama que sufre del dolor, algún que otro proyecto a corto plazo, y unas noventa teclas negras que escriben lo que uno les dice y no siempre con razón.
Seguramente, un día de estos, alguna de las mariposas que me sobrevuelan me invitará a dar una vuelta en sus alas y me llevará a la punta del arco iris donde me estará esperando el más lindo de los tesoros. Tal vez ese día comprenda el verdadero valor del sacrificio y encuentre el sentido a tantos días sin sol.
Mientras, seguiré llenando mis ojos de amaneceres, mi alma de caminos y mi mundo de figuras que sé que estarán conmigo hasta que el espiral llegue a su centro. Ni un segundo antes...
miércoles, 15 de agosto de 2012
LA LLUVIA Y VOS
Mientras escucho algo de música y me enjuago la boca con un trago mínimo de un Don Valentín Lacrado que cayó porque sí, ahuyento suspicacias y pienso en la bendita lluvia que me está acompañando hace casi una semana. Escribo sin querer "Llueve tanto como cuando tus ojos me preguntaron por qué..." y me dejo llevar a ese momento espantoso de tener que entender esas cosas inevitables e incómodas que nunca se esperan, pero suceden...y provocan daño, dolor, incierto futuro...
Ahora suena María Callas con el "Viassi D'Arte" de Tosca. Suena sublime, como todo lo de la Callas. Suena desgarrador, como todo lo que identifica a los momentos pasados.
Cierro los ojos y enlazo situaciones. La lluvia, el vino tinto, tus ojos del color del tiempo, tu espalda perdiéndose entre tilos y aromos, y el silencio sepulcral que queda cuando se termina la canción o se termina la vida...
¿Sabrá verdaderamente mi hijo el material que acaba de regalarme? ¿Sabrá que cada uno de los veinte fragmentos de ópera que tiene el disco me llevan a vos? ¿Sabrá que estoy llorando de emoción y de alegrías y de recuerdos?
La lluvia sigue golpeando mi corazón como queriendo entrometerse en una situación que no por repetida deja de ser inquietante. Los relámpagos y los truenos guapean desde lo inconmensurable e intentan interceder, pero nadie les da permiso, ni mi presencia, ni tu alma.
Esto es nuestro, nada más que nuestro y es imposible que alguien entienda qué es lo qué está pasando.
A ver, acaso no sea eso y seas vos, resuelta, llamativa, queriendo explicar alguna situación que todavía no alcanzo entender; quizá quieras decir millones de palabras que te llevaste guardadas o no; será acaso que quieras gritar a los cuatro vientos que estás viviendo en la felicidad absoluta de la que solo disfrutan los bienaventurados...
Hoy, como tantos otros días, siento que tu ausencia es relativa. Que a partir de aquel día dejaste de estar al lado mío para ocupar mi soledad, mis momentos como éste, mis encrucijadas ante el psicólogo de turno. Siento además, que es imposible no recuperar melancolías, cuando todo lo que vuelve a la mente llega fresco, dulce, con el olor a las primeras fresias de la primavera que está por venir...
Es tarde. En el último tena del CD, Pavarotti canta "El Brindis" de La Traviata. Levanto otra vez la copa, y brindo por vos y por los que te recuerdan. A la vez, ensayo ceremonias, le hago guiños al aire lleno de tu presencia y le agradezco a la vida, por haberme permitido vivir tantos años de complicidades y secretos...
.
sábado, 11 de febrero de 2012
FRUSTRACIONES Y PORVENIRES
La ceremonia consistía en apagar todas las luces y asomarse a la ventana a espiar a la noche. Tratar de descubrir consecuencias y similitudes y elaborar teorías para llevar a la cama. La tarea no era nada sencilla, porque junto con la mirada perdida en busca de sueños, se iban también las vivencias de un día que había pasado dejando marcas y extrañeces-
Con una simple mirada hacia el exterior, podía verse que incógnitas, vicisitudes y estrellas fugaces formaban rondas junto a ciertos gatos escapados de algún poema de un amigo que ya no está visible, al menos para los ojos. A ciencia cierta, había un mundo atrás de esa cortina estampada de paisajes. Y cada cita era una prolongación paradójica de frustraciones y porvenires que iban y venían a una velocidad que ni el tiempo ni el destino eran capaces de controlar.
El viento, que se empecinaba en ser más fuerte que la vida, deshacía castillos y levantaba incertidumbres, mientras que las estrellas se despreocupaban del asunto y se dedicaban a iluminar a los enamorados de la costa del mar, dicha privilegiada y fugaz...
Era el momento de la lucha entre los sentimientos y el horizonte y nadie hacía lo contrario para que no fuera asi. Ni la sensibilidad, que siempre actuaba de mediadora, podía controlar los vaivenes que fluían con cada minuto de observación. Decía el poeta que quien mira a través de una ventana, busca a su otro yo del otro lado para que le diga cómo es su realidad. Y que es en el intercambio de opiniones cuando se llega a la justificación del hecho.
Verdad o mentira, lo cierto es que quizá por eso ese rito tenía tanta relevancia y se hacía imprescindible cada noche. En la disyuntiva, faltaba el rival de la palabra "soledad" y encontrarla atrás del vidrio herido era la cuestión.
La magnificencia de aquel encuentro pleno de interrogantes, quiso que sentara un precedente en cuanto a lo que se esperaba de la situación. Una nevazón tan copiosa como inesperada, hizo que se allanaran los caminos al porqué de esa búsqueda permanente. La razón era más sencilla de lo esperado y tenía que ver con el final de un idilio de promesas y -al fin- vacío de presente.
Ahora ¿Estaba la solución ahi? ¿Qué podía darle esa ventana a alguien que sentía la frustración encarnada hasta el alma? ¿Qué nuevas ilusiones podrían aparecer y reavivar el estado de abandono de los estímulos?
En aquel festejo de cumpleaños, la mayoría coincidía en que ya habían pasado por esa situación y lo que para uno había sido una ventana sucia por fuera, para otros había sido un espejo o aquel camino de luces blancas que conducía al corazón, casi siempre vacío de regresos. Es más, estaba hasta el que decía que a pesar de que el tiempo había borrado hasta las huellas de sus pies, sentía cada medianoche como llegaba hasta él el aroma de un perfume que había dejado a casi cuatro mil kilómetros de nostalgia...
Decían los más resignados, que la mejor forma de sobrellevar las distancias y los lugares comunes, era tener una esperanza cada día. Confabularse con los sentidos y dejarse invadir por las utopías. Y que más allá de los resultados, tener la constancia de volver a esperanzarse hasta que deje de ser necesario para el corazón.
Con una simple mirada hacia el exterior, podía verse que incógnitas, vicisitudes y estrellas fugaces formaban rondas junto a ciertos gatos escapados de algún poema de un amigo que ya no está visible, al menos para los ojos. A ciencia cierta, había un mundo atrás de esa cortina estampada de paisajes. Y cada cita era una prolongación paradójica de frustraciones y porvenires que iban y venían a una velocidad que ni el tiempo ni el destino eran capaces de controlar.
El viento, que se empecinaba en ser más fuerte que la vida, deshacía castillos y levantaba incertidumbres, mientras que las estrellas se despreocupaban del asunto y se dedicaban a iluminar a los enamorados de la costa del mar, dicha privilegiada y fugaz...
Era el momento de la lucha entre los sentimientos y el horizonte y nadie hacía lo contrario para que no fuera asi. Ni la sensibilidad, que siempre actuaba de mediadora, podía controlar los vaivenes que fluían con cada minuto de observación. Decía el poeta que quien mira a través de una ventana, busca a su otro yo del otro lado para que le diga cómo es su realidad. Y que es en el intercambio de opiniones cuando se llega a la justificación del hecho.
Verdad o mentira, lo cierto es que quizá por eso ese rito tenía tanta relevancia y se hacía imprescindible cada noche. En la disyuntiva, faltaba el rival de la palabra "soledad" y encontrarla atrás del vidrio herido era la cuestión.
La magnificencia de aquel encuentro pleno de interrogantes, quiso que sentara un precedente en cuanto a lo que se esperaba de la situación. Una nevazón tan copiosa como inesperada, hizo que se allanaran los caminos al porqué de esa búsqueda permanente. La razón era más sencilla de lo esperado y tenía que ver con el final de un idilio de promesas y -al fin- vacío de presente.
Ahora ¿Estaba la solución ahi? ¿Qué podía darle esa ventana a alguien que sentía la frustración encarnada hasta el alma? ¿Qué nuevas ilusiones podrían aparecer y reavivar el estado de abandono de los estímulos?
En aquel festejo de cumpleaños, la mayoría coincidía en que ya habían pasado por esa situación y lo que para uno había sido una ventana sucia por fuera, para otros había sido un espejo o aquel camino de luces blancas que conducía al corazón, casi siempre vacío de regresos. Es más, estaba hasta el que decía que a pesar de que el tiempo había borrado hasta las huellas de sus pies, sentía cada medianoche como llegaba hasta él el aroma de un perfume que había dejado a casi cuatro mil kilómetros de nostalgia...
Decían los más resignados, que la mejor forma de sobrellevar las distancias y los lugares comunes, era tener una esperanza cada día. Confabularse con los sentidos y dejarse invadir por las utopías. Y que más allá de los resultados, tener la constancia de volver a esperanzarse hasta que deje de ser necesario para el corazón.
domingo, 5 de febrero de 2012
ESPERA CELESTIAL
El hombre de barba espesa y aspecto de laburante de obra, mira al cielo cerrado e infinito, en busca de la luz delatora que le trae a su familia desde algún lugar de un norte que él dejó atrás hace unos años nomás.
Fuma deconsoladamente y sonríe más por nervios que por otra cosa. Dicen por los confusos parlantes que el avión ya está sobrevolando la zona, pero él no lo ve y se pone aún más nervioso.
--¿Usted lo ve? le pregunta al pibe de al lado que está más preocupado en mirar a la moza de la confitería que en otra cosa.
--¿Qué cosa? le contesta el otro sin mirarlo...
--El avión hombre, el avión...¿Lo ve? insiste...
--Ah, no...pero seguro que ya viene, le dice con la vista clavada en la morochita que lleva la bandeja de aluminio a mil por hora para aprovechar los pocos minutos que quedan antes del desierto que vendrá hasta dentro de unas veinticuatro horas.
Claro, son dieferentes realidades...
Es la primera vez que Antonio se llega hasta el aeropuerto después de aquella vez que aconsejado por un amigo tan chaqueño como él, decidió viajar a una de las ciudades de nuestra provincia más austral. Recuerda como si fuera ayer, que un viento helado de quién sabe cuántos kilómetros por hora, le dio la bienvenida y le hizo entender cómo serían las cosas de ahi en más. Cree que en realidad, han pasado más días que alegrías, pero lo consuela el hecho de saber que nada hubiera sido posible sin aquel primer paso.
A diferencia de aquella oportunidad, que hicieron falta bosillos prestados para pagar el pasaje al fin del mundo, ahora sentía el orgullo de haber metido la mano en el propio, para darse el gusto de saborear a los suyos. De mirarlos a los ojos sin vergüenza y de poder asegurarles un futuro que antes ni soñaban.
Dentro del avión nada era distinto. La expectativa del encuentro soñado con la persona soñada, crecía a medida que las nubes quedaban atrás. Eran cuatro almas en busca de quien los había dejado con promesas de una revancha que se merecían y con algunas goteras en el techo de chapa que aún permanecían como una marca de la vida.
Por carta certificada, los viajeros se habían enterado de las novedades que les esperaban y soñaban con eso. La letra desprolija les hablaba de confort, de comida, de habitaciones calientes y de heladera con mercadería para unos cuantos días. También les decía que la distancia une y que los sentimientos crecen y que es recién ahí cuando uno se da cuenta del valor de los construido por partes iguales.
Ahora sí, las luces se hacen cada vez más grandes y los cigarrilos más cortos. Los hombres fluorecentes invaden la pista y algunas lágrimas los ojos de los que esperan. Las escaleras acercan a la tierra y alejan lo que queda de miedo. Las despedidas de cortesía, se convierten automáticamente en bienvenidas gloriosas.
El hombre levanta los brazos y sonríe desafinado, mientras su familia llora de frío y de emoción. En la ceremonia de los bolsos se abrazarán y se contarán diez o quince anécdotas del viaje y de la espera y al final, correrán juntos al auto usado, pero de ellos...
Es más, ni se darán cuenta que el chico y la morochita se están yendo juntos en busca del calor pasajero...
Fuma deconsoladamente y sonríe más por nervios que por otra cosa. Dicen por los confusos parlantes que el avión ya está sobrevolando la zona, pero él no lo ve y se pone aún más nervioso.
--¿Usted lo ve? le pregunta al pibe de al lado que está más preocupado en mirar a la moza de la confitería que en otra cosa.
--¿Qué cosa? le contesta el otro sin mirarlo...
--El avión hombre, el avión...¿Lo ve? insiste...
--Ah, no...pero seguro que ya viene, le dice con la vista clavada en la morochita que lleva la bandeja de aluminio a mil por hora para aprovechar los pocos minutos que quedan antes del desierto que vendrá hasta dentro de unas veinticuatro horas.
Claro, son dieferentes realidades...
Es la primera vez que Antonio se llega hasta el aeropuerto después de aquella vez que aconsejado por un amigo tan chaqueño como él, decidió viajar a una de las ciudades de nuestra provincia más austral. Recuerda como si fuera ayer, que un viento helado de quién sabe cuántos kilómetros por hora, le dio la bienvenida y le hizo entender cómo serían las cosas de ahi en más. Cree que en realidad, han pasado más días que alegrías, pero lo consuela el hecho de saber que nada hubiera sido posible sin aquel primer paso.
A diferencia de aquella oportunidad, que hicieron falta bosillos prestados para pagar el pasaje al fin del mundo, ahora sentía el orgullo de haber metido la mano en el propio, para darse el gusto de saborear a los suyos. De mirarlos a los ojos sin vergüenza y de poder asegurarles un futuro que antes ni soñaban.
Dentro del avión nada era distinto. La expectativa del encuentro soñado con la persona soñada, crecía a medida que las nubes quedaban atrás. Eran cuatro almas en busca de quien los había dejado con promesas de una revancha que se merecían y con algunas goteras en el techo de chapa que aún permanecían como una marca de la vida.
Por carta certificada, los viajeros se habían enterado de las novedades que les esperaban y soñaban con eso. La letra desprolija les hablaba de confort, de comida, de habitaciones calientes y de heladera con mercadería para unos cuantos días. También les decía que la distancia une y que los sentimientos crecen y que es recién ahí cuando uno se da cuenta del valor de los construido por partes iguales.
Ahora sí, las luces se hacen cada vez más grandes y los cigarrilos más cortos. Los hombres fluorecentes invaden la pista y algunas lágrimas los ojos de los que esperan. Las escaleras acercan a la tierra y alejan lo que queda de miedo. Las despedidas de cortesía, se convierten automáticamente en bienvenidas gloriosas.
El hombre levanta los brazos y sonríe desafinado, mientras su familia llora de frío y de emoción. En la ceremonia de los bolsos se abrazarán y se contarán diez o quince anécdotas del viaje y de la espera y al final, correrán juntos al auto usado, pero de ellos...
Es más, ni se darán cuenta que el chico y la morochita se están yendo juntos en busca del calor pasajero...
lunes, 23 de enero de 2012
¿Vacaciones? ¿Qué vacaciones?
A ver, ¿Cómo que mañana tengo que volver a trabajar? ¿No estoy de vacaciones acaso...? Ah, se terminaron... ¿Y dónde está escrito eso de que las vacaciones terminan cuando ustedes quieren? ¿Que yo lo firmé? ¿Cuándo, dónde? ¿En la oficina de Recursos Humanos el jueves 24 de noviembre a las cuatro y veinte de la tarde? ¿Seguro? No, no puede ser, porque 24 de noviembre no fue jueves, sino martes, me acuerdo bien porque esa noche vi el Bailando y estaban eliminando a... ¿jueves, en serio? a ver...bueno, puede que tengan razón y que haya sido jueves, pero no están contestando mi pregunta...¿que sí la contestaron? ¿cuándo, dónde? ¿hace un minuto y en este mismo lugar? bueno, puede ser, pero en qué
Tratado de qué Convención Internacional del Trabajo dice que las vacaciones deben durar menos que lo que uno merece? ¿Sí? ¿Y por qué hay que respetar esa regla tan macabra? ¿Nostradamus? No, no puede ser que venga un tipo cualquiera en busca de fama y diga tres o cuatro bolazos y después tengan que ser cumplidos por el solo hecho de darle valor...¿ y si no voy a trabajar? ¿si digo que anoche comí ensalada de remolacha caliente y me cayó espantósamente mal y que ando con diarrea y vómitos y flacidez intermitente de esa que nadie sabe cuándo puede aparecer? Ah, ¿mandan médico? ¿Y si digo que mi jefe tiene una relación de odio conmigo y que está siempre expectante de alguna que me mande para echarme y eso hace que no me sienta ni cómodo ni seguro de mi posición? ¿Interviene Complaince? ¿Qué? ¿Si descubren que es mentira me echan ellos y sin indenmización? ¿Seguro que el 24 de noviembre fue jueves? Está bien, voy, pero ¿dónde cargo ahora la tarjeta SUBE? no entiendo nada, en una ciudad de millones de habitantes hay tres negocios que te cargan esa maldición hecha tarjeta y para colmo se ponen de acuerdo para cerrar a las mismas horas y si están abiertos no te dan bola porque el sistema les deja un centavo de ganancia y prefieren atender a los que van a comprar otras cosas. ¿Qué? ¿Un chicle te deja más ganancia que una carga de 20 pesos? ¿si? mierda!!! no, mejor sacó un boleto y listo, pero no en el Plaza porque no tienen ni asientos, mejor en el Costera, que es mejor. Bah, es lo mismo, pero están menos sucios. No, digo los choferes, los asientos están limpios. ¡Buen día! me avisás en Paseo Colón y Alsina por si me duermo...¿Cómo que te vas a olvidar? vamos a Capital en un viaje que dura una hora nene, no vamos a Mozambique con escalas en Bogotá, San Pablo y Kuala Lumpur...dejá dejá, no me duermo. Gracias che...que me consigas un diario ni hablar ¿no? Esta plaza de Mayo ¿está más grande o me parece a mi? ¿puede ser que ni siquiera son las ocho de la mañana y ya hay catorce millones de personas cruzando delante mío? ¿Qué? ¿Treinta y dos grados ya? es increíble, pero no veo la hora de llegar al edificio y sentarme en mi escritorio en el piso 11 y mirar por la ventana el yacuzzi del hotel de al lado lleno de turistas.
Buen día Juan, al 11. ¿Qué? ¿todas las oficinas se mudaron al piso 13 y las ventanas dan para el pulmón de manzana? ¡No! ¡Basta! esto es demasiado para mi...
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