domingo, 23 de septiembre de 2012

AÑO DE VIDA

Una botella de whisky casi vacía es el reloj que marca la soledad. Es el testigo casi inconsciente de largas noches de cuentos y poemas inconclusos, de arrepentimientos pasajeros y de esperanzados futuros. Es, casi, el cuento de hadas que lleva irremediablemente al sueño profundo y a la puerta de salida del día. A veces con lágrimas, y a veces con suspiros...
Ya hace un año que mis noches miden dos metros de largo por dos y medio de ancho; que las fotos y recuerdos que cuelgan de la pared, sonríen satisfechas por haber sido tenidas en cuenta y que devuelven la ilusión de quien se siente gratificado.
Sus protagonistas, a veces, se juntar a intercambiar opiniones y comentarios de sus momentos de esplendor y se desafían mutuamente a contar historias de sus tiempos. Piden a los pocos elegidos que canten esas canciones que ya saben de memoria y amanecen dispuestos a ser observados como si nada hubiera pasado. Se aprovechan de la complicidad de los genios, de los ángeles y de los invitados sorpresa para conjeturar presentes y repartir las flores desprolijas que manos tan inocentes como pequeñas, acercaron unos días antes del principio.
Los más cercanos, cantan una canción de cumpleaños y hacen una ronda nostálgica que nadie se quiere perder. Son mis amigos de acá. Mis compañeros de habitación que tienen vida nada más que para mi. Tanto ellos como yo, sabemos de silencios y de sufrimientos lejanos, pero ese es un secreto que se morirá con nosotros.
Para desparramar al mundo, tenemos cosas más superficiales, como el olor a pintura verde, dos valijas que esperan caminar definitivamente por la cinta del regreso, un montón de maderas que simulan un placard, una cama que sufre del dolor, algún que otro proyecto a corto plazo, y unas noventa teclas negras que escriben lo que uno les dice y no siempre con razón.
Seguramente, un día de estos, alguna de las mariposas que me sobrevuelan me invitará a dar una vuelta en sus alas y me llevará a la punta del arco iris donde me estará esperando el más lindo de los tesoros. Tal vez ese día comprenda el verdadero valor del sacrificio y encuentre el sentido a tantos días sin sol.
Mientras, seguiré llenando mis ojos de amaneceres, mi alma de caminos y mi mundo de figuras que sé que estarán conmigo hasta que el espiral llegue a su centro. Ni un segundo antes...