sábado, 11 de febrero de 2012

FRUSTRACIONES Y PORVENIRES

La ceremonia consistía en apagar todas las luces y asomarse a la ventana a espiar a la noche. Tratar de descubrir consecuencias y similitudes y elaborar teorías para llevar a la cama. La tarea no era nada sencilla, porque junto con la mirada perdida en busca de sueños, se iban también las vivencias de un día que había pasado dejando marcas y extrañeces-
Con una simple mirada hacia el exterior, podía verse que incógnitas, vicisitudes y estrellas fugaces formaban rondas junto a ciertos gatos escapados de algún poema de un amigo que ya no está visible, al menos para los ojos. A ciencia cierta, había un mundo atrás de esa cortina estampada de paisajes. Y cada cita era una prolongación paradójica de frustraciones y porvenires que iban y venían a una velocidad que ni el tiempo ni el destino eran capaces de controlar.
El viento, que se empecinaba en ser más fuerte que la vida, deshacía castillos y levantaba incertidumbres, mientras que las estrellas se despreocupaban del asunto y se dedicaban a iluminar a los enamorados de la costa del mar, dicha privilegiada y fugaz...
Era el momento de la lucha entre los sentimientos y el horizonte y nadie hacía lo contrario para que no fuera asi. Ni la sensibilidad, que siempre actuaba de mediadora, podía controlar los vaivenes que fluían con cada minuto de observación. Decía el poeta que quien mira a través de una ventana, busca a su otro yo del otro lado para que le diga cómo es su realidad. Y que es en el intercambio de opiniones cuando se llega a la justificación del hecho.
Verdad o mentira, lo cierto es que quizá por eso ese rito tenía tanta relevancia y se hacía imprescindible cada noche. En la disyuntiva, faltaba el rival de la palabra "soledad" y encontrarla atrás del vidrio herido era la cuestión.
La magnificencia de aquel encuentro pleno de interrogantes, quiso que sentara un precedente en cuanto a lo que se esperaba de la situación. Una nevazón tan copiosa como inesperada, hizo que se allanaran los caminos al porqué de esa búsqueda permanente. La razón era más sencilla de lo esperado y tenía que ver con el final de un idilio de promesas y -al fin- vacío de presente.
Ahora ¿Estaba la solución ahi? ¿Qué podía darle esa ventana a alguien que sentía la frustración encarnada hasta el alma? ¿Qué nuevas ilusiones podrían aparecer y reavivar el estado de abandono de los estímulos?
En aquel festejo de cumpleaños, la mayoría coincidía en que ya habían pasado por esa situación y lo que para uno había sido una ventana sucia por fuera, para otros había sido un espejo o aquel camino de luces blancas que conducía al corazón,  casi siempre vacío de regresos. Es más, estaba hasta el que decía que a pesar de que el tiempo había borrado hasta las huellas de sus pies, sentía cada medianoche como llegaba hasta él el aroma de un perfume que había dejado a casi cuatro mil kilómetros de nostalgia...
Decían los más resignados, que la mejor forma de sobrellevar las distancias y los lugares comunes, era tener una esperanza cada día. Confabularse con los sentidos y dejarse invadir por las utopías. Y que más allá de los resultados, tener la constancia de volver a esperanzarse hasta que deje de ser necesario para el corazón.

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