NOCHE
DE BODAS
Nadie lo hubiera imaginado,
pero ella estaba ahí.
Nadie, tampoco, podría asegurar que era una más entre los
privilegiados invitados a la fiesta. Ni
siquiera que haya sido la primera o la última del listado. Lo de ella pasaba por
otro lado. Como si en realidad hubiera sido imaginada para ocupar ese lugar en
ese momento de la historia.
Sencilla, fugaz y con un millón
de historias que nadie tenía por qué saber,
se dejó ver y marcó esas diferencias que solamente tienen esas personas
especialmente elegidas. Por lo menos para mis ojos…
En el medio
del salón, ajena y despreocupada de las miradas, caminó su figura y se mostró
tal cual. Lucía hermosa, sencilla, con el pelo con producción casera cayéndole
apenas sobre los hombros y
con un aire
por demás interesante e infinitamente seductor.
Imposible no
verla, imposible no sentirse atraído, por más que el centro de la noche pasara
por otro lado. Rebalsan entonces las preguntas urgentes ¿De dónde saco un par
de flores amarillas o algo con qué mostrarle mi presencia absorta? ¿Encontraré
en el campo frío del exterior una vaquita de San Antonio para que me transfiera
la suerte que necesito? ¿Cómo hago para que mis miradas cómplices encuentren el
destino y no se pierdan en la oscuridad?
El torbellino
de la noche mezcla las coincidencias. Un mago distrae y le parece que nos
divierte; la comida se hace protagonista y nos separa a un millón de metros.
Estamos aislados, inalcanzables, mudos,
y lucho por mirarla, aunque sea
con el pensamiento. ¿Cuánto falta para estar de nuevo al lado de ella y jugar a
espiarla, a tocarla sin querer y a robarle esa respuesta que solamente sus ojos
me pueden dar?
Evidentemente,
no había otra alternativa que esperar.
Vivir de sueños hasta que su mirada triste apareciera del otro lado y saber
recién ahí, si se sumaba o no a mi locura. Nada difícil para alguien a quien le
fascinaba vivir de esa manera.
Pero bueno,
qué es la vida sino un puñado de sueños, la mayoría de ellos irrealizables e
inalcanzables. Y por eso uno puede y debe tomarse las licencias que su misma
capacidad le da, para hacer los esfuerzos o al menos intentar llevarlos a cabo.
Nadie va a venir a golpearnos a la puerta para regalarnos un sueño. Los sueños
se ganan, se transpiran, se lloran y luego si, se disfrutan, aunque no tanto,
porque siempre va a ver otro sueño que con sus primeros pasos hará todo lo
posible por relativizar al anterior.
Y el sueño de
hoy todavía no tenía nombre, ni edad, sólo esperanza…
Siempre creí
en los momentos exactos de la vida. En esos detalles impensados y paradójicos
que ni siquiera la mente de la persona más optimista pueda esperar. Y también
creí siempre en que los momentos sublimes que nos tienen preparados, aparecen
cuando menos los esperamos; cuando
los
sentimientos se despiertan de la siesta, o cuando la música llega para
quedarse…
Hermoso y con un mensaje indiscutible a no abandonar nuestros sueños!....Me encantó!!!!
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