Mientras escucho algo de música y me enjuago la boca con un trago mínimo de un Don Valentín Lacrado que cayó porque sí, ahuyento suspicacias y pienso en la bendita lluvia que me está acompañando hace casi una semana. Escribo sin querer "Llueve tanto como cuando tus ojos me preguntaron por qué..." y me dejo llevar a ese momento espantoso de tener que entender esas cosas inevitables e incómodas que nunca se esperan, pero suceden...y provocan daño, dolor, incierto futuro...
Ahora suena María Callas con el "Viassi D'Arte" de Tosca. Suena sublime, como todo lo de la Callas. Suena desgarrador, como todo lo que identifica a los momentos pasados.
Cierro los ojos y enlazo situaciones. La lluvia, el vino tinto, tus ojos del color del tiempo, tu espalda perdiéndose entre tilos y aromos, y el silencio sepulcral que queda cuando se termina la canción o se termina la vida...
¿Sabrá verdaderamente mi hijo el material que acaba de regalarme? ¿Sabrá que cada uno de los veinte fragmentos de ópera que tiene el disco me llevan a vos? ¿Sabrá que estoy llorando de emoción y de alegrías y de recuerdos?
La lluvia sigue golpeando mi corazón como queriendo entrometerse en una situación que no por repetida deja de ser inquietante. Los relámpagos y los truenos guapean desde lo inconmensurable e intentan interceder, pero nadie les da permiso, ni mi presencia, ni tu alma.
Esto es nuestro, nada más que nuestro y es imposible que alguien entienda qué es lo qué está pasando.
A ver, acaso no sea eso y seas vos, resuelta, llamativa, queriendo explicar alguna situación que todavía no alcanzo entender; quizá quieras decir millones de palabras que te llevaste guardadas o no; será acaso que quieras gritar a los cuatro vientos que estás viviendo en la felicidad absoluta de la que solo disfrutan los bienaventurados...
Hoy, como tantos otros días, siento que tu ausencia es relativa. Que a partir de aquel día dejaste de estar al lado mío para ocupar mi soledad, mis momentos como éste, mis encrucijadas ante el psicólogo de turno. Siento además, que es imposible no recuperar melancolías, cuando todo lo que vuelve a la mente llega fresco, dulce, con el olor a las primeras fresias de la primavera que está por venir...
Es tarde. En el último tena del CD, Pavarotti canta "El Brindis" de La Traviata. Levanto otra vez la copa, y brindo por vos y por los que te recuerdan. A la vez, ensayo ceremonias, le hago guiños al aire lleno de tu presencia y le agradezco a la vida, por haberme permitido vivir tantos años de complicidades y secretos...
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Sublime!
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